Venezuela sigue siendo, en 2026, uno de los casos más complejos y dolorosos de América Latina. El régimen de Nicolás Maduro, que muchos analistas daban por agónico hace cinco años, ha demostrado una resiliencia sorprendente, apoyado en el control de las Fuerzas Armadas, la represión sistemática y el apoyo diplomático y económico de Cuba, Rusia, China e Irán.
¿Cómo sobrevive el régimen?
La clave de la supervivencia del madurismo radica en varias variables que se refuerzan mutuamente. En primer lugar, el control total de las instituciones del Estado: el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral y la Fiscalía responden al oficialismo sin cuestionamientos. En segundo lugar, los ingresos petroleros, aunque muy reducidos respecto a los años de bonanza, siguen siendo suficientes para mantener leales a los sectores militares claves.
Además, el régimen ha diversificado sus fuentes de financiamiento con el comercio de oro ilegal desde el Arco Minero del Orinoco y, según múltiples informes de la ONU, con actividades de narcotráfico en que participan grupos paramilitares afines al gobierno.
Una crisis humanitaria que no cesa
Los números son estremecedores. Más de 8 millones de venezolanos han abandonado el país desde 2015, en lo que constituye una de las mayores crisis migratorias del hemisferio occidental. Los que se quedan enfrentan escasez crónica de medicamentos, apagones frecuentes, hiperinflación y un sistema de salud prácticamente colapsado.
La pobreza extrema afecta al 82% de la población, según datos del ENCOVI (Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela). Y aunque la dolarización informal de la economía ha permitido una pequeña recuperación del sector comercial en Caracas, esta mejora es superficial y no llega a los sectores más vulnerables.
La oposición: fragmentada pero persistente
La oposición venezolana continúa fragmentada entre quienes abogan por una salida negociada y quienes defienden la presión internacional. María Corina Machado sigue siendo la figura más reconocida internacionalmente, aunque el régimen la mantiene en una especie de limbo legal que le impide ejercer cualquier función pública.
La comunidad de venezolanos en el exterior —especialmente en Colombia, Perú, Chile, España y Estados Unidos— mantiene viva la presión política y sigue siendo un factor de legitimidad para la oposición democrática.
¿Hay una salida?
Los expertos se dividen. Algunos creen que el régimen colapsará eventualmente bajo el peso de sus contradicciones internas —la rivalidad entre facciones del chavismo, la corrupción generalizada y el descontento popular—. Otros argumentan que sin una presión externa coordinada y sostenida, Maduro permanecerá en el poder por tiempo indefinido.
Lo que está claro es que Venezuela seguirá siendo una herida abierta en el costado de América Latina, con implicaciones humanitarias, migratorias y de seguridad que afectan a toda la región.
Información actualizada en El Nacional y Efecto Cocuyo.
