Colombia amanece este 31 de mayo de 2026 con más de 41 millones de ciudadanos convocados a las urnas para elegir a su próximo presidente y vicepresidente. Una jornada que marcará el rumbo del país para los próximos cuatro años y que llega cargada de tensión, incertidumbre y una polarización política sin precedentes en la historia reciente de la nación.

Tres candidatos, un país dividido
La carrera hacia la Casa de Nariño enfrenta a doce candidatos, aunque tres han concentrado el grueso de la atención mediática y del voto útil. Iván Cepeda, del Pacto Histórico y heredero político del proyecto de izquierda que lidera el presidente saliente Gustavo Petro, encabeza todas las encuestas con entre el 37 y el 44 por ciento de intención de voto. A su derecha, el abogado y figura mediática Abelardo de la Espriella, candidato por el movimiento Defensores de la Patria, acumula entre el 31 y el 36 por ciento. Y cerrando el podio, la senadora del Centro Democrático Paloma Valencia, que aglutina el voto de la derecha más tradicional con alrededor del 14 por ciento.
Las últimas encuestas de Invamer e AtlasIntel muestran a Cepeda y De la Espriella en un virtual empate técnico según algunos sondeos, lo que convierte esta primera vuelta en una verdadera incógnita. Ninguno de los tres candidatos está proyectado para alcanzar el 50 por ciento necesario para ganar en primera vuelta, algo que solo ha ocurrido una vez en la historia electoral colombiana.
¿Qué se juega Colombia en estas elecciones?
Más allá de los nombres, esta elección es un referéndum sobre el modelo de país. El gobierno de Gustavo Petro —el primero de izquierda en la historia de Colombia— ha marcado profundamente el debate público: reforma agraria, política de paz total con los grupos armados, transformación del sistema de salud y una apuesta por las energías renovables frente al petróleo. Cepeda representa la continuidad de ese proyecto.
De la Espriella, por su parte, ha construido su campaña sobre la promesa de orden, seguridad y un giro pragmático de centro, alejándose tanto del petrismo como de la derecha más dura. Valencia, en cambio, abandera un retorno a las políticas de seguridad democrática que marcaron los gobiernos de Álvaro Uribe y propone desmantelar las reformas sociales del gobierno saliente.
La violencia como telón de fondo
La jornada electoral llega ensombrecida por una escalada de violencia en varias regiones del país. En los días previos al 31 de mayo, enfrentamientos armados en la zona rural del departamento del Guaviare causaron la muerte de al menos 48 personas, en lo que se considera uno de los episodios más graves de violencia del año. Grupos armados irregulares siguen disputando el control territorial en zonas históricamente marginadas del Estado.
Las autoridades han reportado también amenazas a candidatos locales, líderes sociales y jurados de votación en departamentos como Nariño, Cauca, Norte de Santander y Chocó. El Ejército y la Policía Nacional han desplegado más de 270.000 efectivos en todo el territorio para garantizar la seguridad de la jornada.
Ley Seca y desinformación digital
Como es habitual en jornadas electorales colombianas, la Ley Seca entró en vigor en todo el país desde la noche del viernes 29 de mayo, prohibiendo la venta y consumo de bebidas alcohólicas hasta el lunes 1 de junio. En Bogotá y otras capitales, la medida se aplicó con especial rigor.
Otro fenómeno que marcó la campaña fue la proliferación de videos manipulados con inteligencia artificial en redes sociales. Organizaciones de verificación de hechos como ColombiaCheck y Chequeado reportaron decenas de deepfakes atribuidos a los tres principales candidatos, generando confusión entre los votantes. El Consejo Nacional Electoral emitió una alerta formal días antes de la votación, instando a los ciudadanos a contrastar la información antes de compartirla.
La segunda vuelta, casi inevitable
Todos los analistas apuntan a que el 21 de junio se celebrará la segunda vuelta. El escenario más probable es un duelo entre Cepeda y De la Espriella, aunque la irrupción de Valencia en las últimas semanas y el fenómeno del voto en blanco —que históricamente alcanza cifras significativas en Colombia— introducen elementos de incertidumbre.
En ese hipotético duelo de segunda vuelta, las encuestas muestran resultados distintos según la fuente: Cepeda ganaría con holgura según Invamer, pero AtlasIntel sitúa a De la Espriella como favorito en un escenario de balotaje. Todo dependerá de hacia dónde vayan los votos de Valencia y de los candidatos menores.
La mirada internacional
La comunidad internacional sigue con atención el proceso electoral colombiano. Observadores de la OEA, la Unión Europea y el Centro Carter están desplegados en el país para monitorear la jornada. Estados Unidos, que mantiene estrechos vínculos con Colombia en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, ha expresado su deseo de que las elecciones sean «libres, justas y transparentes».
Venezuela, Ecuador y Brasil también observan con interés lo que ocurre al otro lado de sus fronteras. El resultado de estas elecciones redefinirá la política exterior colombiana y su relación con los vecinos, especialmente en lo que respecta al proceso de paz con el ELN y las FARC disidentes.
Colombia vota, el mundo espera
A lo largo de este domingo, más de 106.000 mesas de votación abrirán sus puertas en todo el país, incluyendo en el exterior, donde la diáspora colombiana —especialmente numerosa en Estados Unidos, España y Venezuela— también tendrá la oportunidad de hacer oír su voz.
Los resultados preliminares comenzarán a conocerse a partir de las 4 de la tarde, hora de Colombia, cuando cierren las urnas. Una noche larga y decisiva espera a un país que lleva décadas buscando la paz y que hoy, una vez más, deposita sus esperanzas en las urnas.
