El presidente de Chile, José Antonio Kast, cumplió apenas 69 días en el poder cuando anunció su primer cambio de gabinete, convirtiéndose en el mandatario chileno que más rápido ha modificado su equipo ministerial desde el retorno del país a la democracia en 1990. La reorganización implicó la salida de dos ministras clave y la incorporación de nuevos nombres en posiciones estratégicas.
Las ministras salientes fueron Trinidad Steinert, de Seguridad, y Mara Sedini. En su lugar, Kast designó a Martín Arrau para hacerse cargo de la cartera de Seguridad, y sumó a Claudio Alvarado a la vocería de gobierno. El cambio fue interpretado como un intento del mandatario de reordenar su agenda política de cara a la primera Cuenta Pública, prevista para el 1 de junio.
El ajuste ministerial se produce en un contexto político complejo para el gobierno derechista. Según la encuesta Cadem de mayo, la aprobación de Kast se sitúa en el 31,2%, mientras que su desaprobación ha escalado al 56%, cifras que reflejan las dificultades de los primeros meses de gestión. La encuesta apunta que, pese a que la ciudadanía percibe mejoras en seguridad ciudadana, otros ámbitos generan mayor insatisfacción.
A pesar del escenario adverso, Kast también acumuló gestos políticos de peso en mayo. El presidente designó al expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle como embajador en misión especial, un movimiento que muchos analistas interpretaron como un guiño a la centroderecha histórica. Además, encabezó la ceremonia oficial por el Día de las Glorias Navales y recibió la Estrategia Nacional CTCI 2026, un plan de largo plazo para fortalecer la ciencia, tecnología e innovación en Chile.
El gobierno de Kast enfrenta el reto de estabilizar su imagen antes de que se cumplan los primeros cien días de mandato y de demostrar que puede gestionar con eficacia los compromisos que lo llevaron al poder: seguridad, orden y control de la inmigración irregular.
