Lo llaman el fantasma de las montañas. El leopardo de las nieves (Panthera uncia) es uno de los grandes felinos más esquivos y majestuosos del planeta, y también uno de los más amenazados. Habita las cadenas montañosas de Asia Central —principalmente el Himalaya, el Karakórum y el Tian Shan— a altitudes de entre 3.000 y 5.500 metros sobre el nivel del mar.

¿Por qué está en peligro?
Se estima que quedan entre 4.000 y 6.500 leopardos de las nieves en estado salvaje, distribuidos en 12 países. Sus principales amenazas son la caza furtiva —su piel y sus huesos son muy valorados en el mercado negro asiático—, la pérdida de hábitat por el avance humano y el cambio climático, que está reduciendo las zonas de nieve y alterando los ecosistemas de altura donde vive y caza.
Un cazador solitario y silencioso
A diferencia de otros grandes felinos, el leopardo de las nieves no ruge: emite sonidos suaves como maullidos o gruñidos. Es un cazador solitario y nocturno que puede recorrer hasta 40 kilómetros en una sola noche. Su cuerpo está perfectamente adaptado al frío extremo: patas anchas que actúan como raquetas de nieve, una larga cola que usa como bufanda para protegerse del frío, y un pelaje denso y moteado que lo hace prácticamente invisible en el terreno rocoso.
Esfuerzos de conservación
Organizaciones como el Snow Leopard Trust trabajan con comunidades locales en Asia Central para reducir el conflicto entre los leopardos y los ganaderos, cuyo ganado a veces es atacado. Los programas de compensación y educación están logrando resultados positivos, pero la especie sigue clasificada como Vulnerable por la UICN. Protegerla no es solo un deber ético, sino un indicador de la salud de los ecosistemas de montaña que proveen de agua dulce a millones de personas.
