Marrakech asalta los sentidos desde el primer instante. La ciudad imperial marroquí es un torbellino de colores, aromas y sonidos que no deja indiferente a nadie. Su medina medieval, otra joya de la UNESCO, es uno de los espacios urbanos más fascinantes del mundo.
La Plaza Jemaa el-Fna es el epicentro de la vida marrakchí: de día, un mercado bullicioso con encantadores de serpientes, acróbatas y vendedores de zumos de naranja; de noche, un espectáculo culinario único con decenas de puestos de comida al aire libre, músicos y narradores de cuentos. Es una experiencia cultural sin igual.
Los souks —los mercados tradicionales— son un laberinto hipnótico donde se pueden encontrar desde tejidos y especias hasta cerámica, cuero y joyería artesanal. El barrio de Guéliz ofrece una faceta más moderna de la ciudad, con galerías de arte, restaurantes de fusión y tiendas de diseño.
Cuándo ir: Primavera (marzo-mayo) y otoño (septiembre-noviembre) ofrecen temperaturas agradables.
Cómo llegar: Vuelos directos desde Madrid, Barcelona, París y muchas otras ciudades europeas.
