Oaxaca es uno de los secretos mejor guardados de México y, al mismo tiempo, uno de sus destinos más celebrados por quienes la conocen. Esta ciudad colonial en el sur del país, rodeada de montañas y valles arqueológicos, es un tesoro de cultura, gastronomía y arte que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Su centro histórico de piedra verde —la cantera verde característica de sus edificios— es un placer para pasear: iglesias barrocas, mercados artesanales, museos extraordinarios y una escena gastronómica que está considerada una de las mejores de México. El mole negro, los tlayudas, el mezcal artesanal y el chocolate oaxaqueño son razones más que suficientes para visitar la ciudad.
Los alrededores de Oaxaca añaden capas de interés: las ruinas zapotecas de Monte Albán, el árbol más ancho del mundo en Tule, las petrificadas cascadas de Hierve el Agua y los talleres de artesanía de los pueblos del valle hacen que una semana se quede corta.
Cuándo ir: Todo el año es buen momento, aunque noviembre, con las celebraciones del Día de los Muertos, es especialmente mágico.
Cómo llegar: Vuelo directo a Ciudad de México y conexión a Oaxaca.
