América Latina vive en 2026 un momento de reconfiguración geopolítica acelerada. La competencia entre Estados Unidos y China por la influencia en la región nunca había sido tan intensa, y los gobiernos latinoamericanos se ven obligados a navegar entre dos grandes potencias sin perder soberanía ni oportunidades económicas. No es una tarea fácil.
China: la gran presencia económica
China es hoy el principal socio comercial de al menos 15 países latinoamericanos. Desde las infraestructuras financiadas por el Banco de Desarrollo de China en Ecuador y Venezuela, hasta las inversiones en litio en Bolivia y Argentina, la presencia china en la región es profunda y estructural.
El gobierno de Trump ha respondido con una campaña agresiva para convencer a los países latinoamericanos de que «desacoplen» sus economías de China. Pero el atractivo económico chino —precios competitivos, financiamiento sin condicionalidades políticas y una demanda insaciable de materias primas— hace que esta presión tenga resultados limitados.
Estados Unidos: recuperando terreno
La administración Trump 2.0 ha intentado un relanzamiento de la política hacia América Latina, con más énfasis en seguridad (especialmente migración y narcotráfico) y menos en democracia y derechos humanos. La iniciativa «Americas First» ofrece inversiones en infraestructura y acceso al mercado americano a cambio de mayor cooperación en control migratorio y seguridad fronteriza.
Países como México, Colombia y Panamá han respondido positivamente a esta agenda, mientras que Brasil, Argentina y Venezuela (cada uno por sus razones) mantienen distancias con Washington.
La era del multilateralismo fragmentado
Lo nuevo de 2026 es que ya no existe un bloque latinoamericano coherente. La región está fragmentada entre una izquierda progresista (México, Brasil), una derecha liberal (Argentina, Ecuador), gobiernos populistas de distintos colores (Venezuela, Nicaragua) y centros pragmáticos que juegan a varios tableros simultáneamente (Colombia, Perú, Chile).
Esta diversidad hace más difícil una acción colectiva en foros como la CEPAL, la UNASUR o la CELAC, pero también implica que ninguna potencia externa puede controlar la agenda regional de manera unilateral.
Los temas que definen la agenda
Más allá de la geopolítica de grandes potencias, la agenda interna latinoamericana en 2026 está dominada por cinco grandes desafíos: la violencia del crimen organizado, la desigualdad persistente, el cambio climático, la emigración y la fragilidad institucional. Ninguno de estos problemas tiene solución fácil, y todos están interconectados.
Lo que está en juego es nada menos que el modelo de sociedad que América Latina quiere construir en las próximas décadas. Y esa definición, más que en Washington o Beijing, tendrá que hacerse en las plazas, los congresos y las urnas de la propia región.
Análisis geopolítico en CEPAL y América Economía.
