Hay pocas imágenes en el mundo tan reconocibles como las cúpulas azules de Santorini recortadas contra el Egeo. Esta isla volcánica del archipiélago de las Cícladas es uno de los destinos más fotografiados y deseados del planeta, y no decepciona.
El pueblo de Oia, con sus casas encaladas en blanco y sus infinitas vistas sobre la caldera volcánica, es el epicentro de la belleza santoriní. Los atardeceres desde sus miradores son, sin exageración, de los más hermosos que se pueden contemplar en Europa. Fira, la capital, combina arquitectura cicládica con una vida nocturna vibrante y una excelente oferta gastronómica.
Santorini también sorprende bajo el agua: el snorkel y el buceo en la bahía volcánica ofrecen una experiencia geológica única. Y sus vinos, producidos en viñedos que crecen sobre suelo volcánico, tienen una personalidad inconfundible.
Cuándo ir: Junio, septiembre y octubre son los mejores meses: menos masificación que en verano y tiempo excelente.
Cómo llegar: Vuelos directos desde varias capitales europeas o ferry desde el Pireo (Atenas).
