Hay playas y hay playas del Caribe. Las del Caribe mexicano, que se extienden desde Cancún hasta Tulum a lo largo de la Riviera Maya, pertenecen a esa categoría de destinos que justifican todos los clichés: arena blanca como el talco, agua turquesa de transparencia irreal y un sol que parece más intenso que en ningún otro lugar del mundo.

Cancún: el gran resort del Caribe
Cancún recibe más de seis millones de turistas al año y no es difícil entender por qué. La Zona Hotelera concentra algunos de los mejores resorts all-inclusive del mundo, con playas protegidas por una barrera de coral que mantiene el mar en una calma casi artificial. Pero Cancún también tiene una cara más auténtica: el centro de la ciudad, el Mercado 28, y las zonas arqueológicas del Museo El Rey, enclavado entre hoteles modernos.
Tulum: arqueología con vista al mar
A 130 kilómetros al sur de Cancún, Tulum ofrece una de las experiencias más únicas del Caribe: una zona arqueológica maya encaramada sobre acantilados frente al mar. Las ruinas de Tulum son las únicas del mundo situadas junto al océano, y el contraste entre las piedras milenarias y el azul infinito del Caribe es sencillamente espectacular.
Los cenotes: el tesoro oculto bajo la selva
El Caribe mexicano esconde bajo la selva uno de sus mayores tesoros: los cenotes, pozos naturales de agua dulce cristalina formados por el colapso del suelo calcáreo. Hay cientos repartidos por toda la Riviera Maya, desde los abiertos y soleados hasta las cuevas subterráneas iluminadas por rayos de luz. Nadar en un cenote es una de las experiencias más únicas e inesperadas de cualquier viaje a México.
