El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, reaccionó con contundencia ante la decisión del gobierno de Estados Unidos de clasificar como organizaciones terroristas al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho (CV), las dos mayores facciones criminales del país. «No somos una república bananera», afirmó Lula en declaraciones que rápidamente dieron la vuelta al mundo.
La medida fue anunciada por Washington el miércoles 27 de mayo, apenas dos días después de que el presidente Donald Trump se reuniera en privado con el senador brasileño Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien habría solicitado personalmente la designación. Para el gobierno del PT, la coincidencia no es casual y forma parte de una estrategia de presión política.
«No aceptamos que nos traten como si fuésemos un país de pacotilla», advirtió Lula, quien subrayó que la soberanía brasileña y su democracia no están en negociación. El mandatario acusó a Estados Unidos de utilizar la lucha contra el crimen organizado como pretexto para interferir en los asuntos internos de Brasil, abriendo la puerta a posibles sanciones financieras contra personas o empresas vinculadas a las organizaciones designadas.
La tensión llega en un momento delicado para las relaciones bilaterales, ya que Brasil atraviesa una intensa campaña electoral de cara a los comicios presidenciales de octubre de 2026, en los que Lula busca la reelección. El exsenador Flávio Bolsonaro respondió afirmando que Lula «es presionado por facciones terroristas o las integra», en declaraciones que avivaron aún más la polémica.
Paralelamente, el gobierno de Lula lanzó el Programa Brasil contra el Crimen Organizado, una iniciativa nacional para reforzar la seguridad pública, y sancionó la ley que crea la primera Universidad Federal Indígena del país, en un esfuerzo por ampliar el acceso a la educación superior a las comunidades originarias.
