Oaxaca es, sin exageración, uno de los destinos más extraordinarios de toda América Latina. Este estado del sur de México combina una herencia prehispánica milenaria, una gastronomía declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, paisajes de sierra impresionantes y una escena artística y artesanal única en el mundo. Si todavía no la tienes en tu lista de pendientes, después de leer esto la agregarás.
La capital: donde el tiempo se detiene
La Ciudad de Oaxaca de Juárez es uno de esos centros históricos que te atrapa desde el primer momento. Sus calles empedradas, sus edificios coloniales de cantera verde, sus conventos del siglo XVI y el bullicio de sus mercados crean una atmósfera que mezcla lo antiguo y lo contemporáneo de manera perfecta.
El Mercado Benito Juárez y el Mercado 20 de Noviembre son paradas obligatorias: aquí puedes desayunar con un tlayuda gigante, probar el chocolate caliente artesanal, comprar chapulines (saltamontes fritos) si te atreves, y llevarte quesillo (el queso Oaxaqueño fresco) para el camino.
Monte Albán: la ciudad de los dioses
A apenas 9 kilómetros del centro de Oaxaca se encuentra Monte Albán, una de las ciudades prehispánicas más importantes de Mesoamérica. Fundada por los zapotecas alrededor del 500 a.C., fue durante siglos la capital de una de las civilizaciones más desarrolladas del continente.
Visitar Monte Albán al amanecer —cuando los grupos turísticos todavía no han llegado— es una experiencia mística: las pirámides, la plaza central y los juegos de pelota se recortan contra el cielo azul intenso de las sierras oaxaqueñas en un silencio casi sobrenatural.
La gastronomía: un patrimonio en el plato
La cocina oaxaqueña es considerada por muchos chefs internacionales como una de las más sofisticadas y complejas del mundo. Sus siete moles (negro, rojo, coloradito, amarillo, verde, chichilo y manchamanteles), el mezcal artesanal, las memelas, los tamales de hierba santa y el tejate (una bebida prehispánica de cacao y maíz) son solo algunas de las joyas de una tradición culinaria que lleva siglos perfeccionándose.
Dónde hospedarse y cuándo ir
El rango de opciones de alojamiento va desde hostales económicos con encanto ($15-25/noche) hasta boutique hotels de lujo en casonas coloniales restauradas ($150-300/noche). La mejor época para visitar es de octubre a junio, evitando la temporada de lluvias. El festival Guelaguetza, en julio, es el evento cultural más importante, aunque los precios suben notablemente.
Información turística oficial en Oaxaca Travel.
