Hay paisajes que inspiran la palabra «sublime» en su sentido más literal: belleza tan abrumadora que roza lo sobrenatural. Los fiordos de Noruega son uno de esos lugares. Largos brazos de mar que se adentran kilómetros en un territorio de montañas, cascadas y bosques de una magnitud que aplasta el ego y ensancha el alma.
El Geirangerfjord y el Nærøyfjord, ambos declarados Patrimonio Natural de la Humanidad, son los más espectaculares: paredes de roca que se elevan cientos de metros sobre el agua, cascadas que caen en hilo de plata desde las alturas y aldeas diminutas encajonadas entre montaña y fiordo. Navegar por ellos en kayak o en ferry es una experiencia que no se olvida.
Más al norte, las islas Lofoten añaden otra dimensión al paisaje noruego: pescadores rojos reflejados en aguas de espejo, auroras boreales en invierno y sol de medianoche en verano. Bergen, la ciudad de las siete montañas, es la puerta de entrada perfecta a la Noruega de los fiordos.
Cuándo ir: Verano (junio-agosto) para senderismo y kayak; invierno (diciembre-febrero) para auroras boreales.
Cómo llegar: Vuelo a Bergen u Oslo y desde allí en coche, ferry o tren escénico.
