La computación cuántica lleva décadas prometiendo una revolución y los escépticos llevan igual tiempo señalando que «siempre está a diez años de ser útil». En 2026, algo está cambiando: por primera vez, empresas reales en sectores como la farmacéutica, las finanzas y la logística están obteniendo resultados comerciales tangibles usando computadores cuánticos. La era del quantum computing práctico ha comenzado, aunque sea de forma modesta.
El hito de IBM: 1,000 qubits estables
IBM anunció en mayo de 2026 que su procesador cuántico Condor II ha alcanzado los 1,000 qubits estables con una tasa de error lo suficientemente baja como para realizar cálculos útiles en problemas reales. Este es un hito largo tiempo esperado: los procesadores anteriores tenían mayor número de qubits en papel, pero la alta tasa de errores limitaba su utilidad práctica.
Con 1,000 qubits estables, IBM puede abordar problemas de optimización compleja —como la gestión de cadenas de suministro globales o el diseño de nuevas moléculas farmacéuticas— que son imposibles de resolver eficientemente con computadores clásicos, incluso los más potentes.
Google y la «ventaja cuántica» en química computacional
Google, por su parte, publicó en una investigación revisada por pares la demostración de ventaja cuántica en un problema real de química computacional: el cálculo de las propiedades energéticas de una molécula compleja relacionada con la síntesis de fertilizantes. El computador cuántico de Google resolvió el problema en 4 minutos; el mejor supercomputador clásico tardó 10,000 horas en obtener un resultado comparable.
Las aplicaciones que ya son reales
En el sector farmacéutico, empresas como Pfizer y Roche están usando computación cuántica en colaboración con IBM y Google para acelerar el proceso de descubrimiento de fármacos. En finanzas, JP Morgan y Goldman Sachs tienen equipos de investigación cuántica trabajando en optimización de carteras y gestión de riesgo. En logística, empresas como DHL están experimentando con optimización de rutas cuántica.
Ninguna de estas aplicaciones es todavía «el gran salto» que la computación cuántica promete, pero son señales claras de que la transición del laboratorio al mundo real está en marcha.
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